La enfermedad arterial periférica es un trastorno circulatorio que aparece cuando las arterias de las piernas y los pies se estrechan u obstruyen. Como consecuencia, los tejidos reciben menos sangre y oxígeno del que necesitan. Aunque algunas personas no presentan síntomas al principio, el problema puede provocar dolor al caminar, heridas que no cicatrizan y, en los casos más graves, pérdida de tejido.

Por ello, detectar la alteración de manera precoz resulta fundamental para reducir el riesgo de complicaciones y proteger la salud de las extremidades.

¿Qué es la enfermedad arterial periférica?

La causa más habitual es la aterosclerosis, un proceso en el que se acumulan placas de grasa y otros materiales en las paredes de las arterias. Con el tiempo, esta acumulación reduce el diámetro de los vasos y dificulta el paso de la sangre.

El problema afecta con mayor frecuencia a las extremidades inferiores. Sin embargo, también puede indicar la presencia de enfermedad aterosclerótica en otras zonas del organismo.

Por tanto, no debe considerarse únicamente una alteración de las piernas o los pies, sino una manifestación de enfermedad vascular general.

Síntomas de la enfermedad arterial periférica

La presentación clínica puede variar considerablemente. Algunas personas tienen una obstrucción arterial importante sin notar dolor, mientras que otras desarrollan molestias durante la actividad.

Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:

  • Dolor o calambres en las pantorrillas al caminar.
  • Cansancio o debilidad en las piernas.
  • Frialdad en uno o ambos pies.
  • Cambios de coloración en la piel.
  • Disminución o ausencia de pulsos.
  • Crecimiento lento de las uñas.
  • Pérdida de vello en las piernas o los pies.
  • Heridas que tardan en cicatrizar.

Habitualmente, el dolor disminuye al detenerse y reaparece al reiniciar la marcha. Este síntoma se conoce como claudicación intermitente.

Mala circulación arterial y dolor al caminar

Cuando los músculos trabajan durante la marcha, necesitan un mayor aporte de oxígeno. Si las arterias están estrechadas, la sangre disponible puede resultar insuficiente y aparecer dolor.

La molestia suele localizarse en la pantorrilla, aunque también puede afectar al muslo, la cadera o el pie. Además, la distancia recorrida antes de que comiencen los síntomas puede disminuir a medida que la enfermedad progresa.

En fases más avanzadas, el dolor puede aparecer incluso en reposo, especialmente durante la noche. En algunos casos, bajar la pierna de la cama produce un alivio temporal al favorecer la llegada de sangre al pie.

Factores de riesgo de enfermedad vascular periférica

Existen varios factores que aumentan la probabilidad de desarrollar alteraciones en la circulación arterial.

Los más importantes son:

  • Tabaquismo.
  • Diabetes mellitus.
  • Hipertensión arterial.
  • Colesterol elevado.
  • Enfermedad renal crónica.
  • Edad avanzada.
  • Antecedentes de enfermedad cardiovascular.
  • Sedentarismo.

Además, la combinación de varios factores incrementa notablemente el riesgo. Por este motivo, su control forma parte esencial tanto de la prevención como del tratamiento.

Enfermedad arterial periférica y pie diabético

La enfermedad arterial periférica tiene una importancia especial en las personas con diabetes. La neuropatía puede reducir la sensibilidad y hacer que el paciente no perciba heridas, presión excesiva o dolor isquémico.

Al mismo tiempo, la falta de riego sanguíneo dificulta la llegada de oxígeno y nutrientes a los tejidos. Como resultado, una pequeña lesión puede evolucionar hacia una úlcera compleja o presentar dificultades para cicatrizar.

Por ello, ante una herida en un pie diabético es necesario valorar no solo la infección y la neuropatía, sino también el estado de la circulación.

¿Cómo se diagnostica la enfermedad arterial periférica?

El diagnóstico comienza con la historia clínica y la exploración de las extremidades. Durante la consulta se valoran el color y la temperatura de la piel, la presencia de lesiones, los pulsos y los síntomas referidos por el paciente.

Posteriormente, pueden realizarse diferentes pruebas vasculares:

  • Índice tobillo-brazo.
  • Estudio Doppler de las arterias.
  • Índice dedo-brazo.
  • Presión transcutánea de oxígeno o TcPO₂.
  • Eco-Doppler vascular.
  • Pruebas de imagen, cuando estén indicadas.

Cada exploración proporciona información diferente. Por tanto, la elección depende de los síntomas, los antecedentes y las características de cada paciente.

Índice tobillo-brazo para detectar problemas arteriales

El índice tobillo-brazo compara la presión arterial del tobillo con la obtenida en el brazo. Un valor reducido puede indicar la presencia de una obstrucción arterial en las extremidades inferiores.

Esta prueba es rápida, indolora y útil como valoración inicial. Sin embargo, en personas con diabetes, enfermedad renal o calcificación vascular puede ofrecer valores artificialmente elevados.

En esos casos, conviene completar el estudio con otras técnicas que permitan conocer mejor la perfusión de los tejidos.

TcPO₂ y valoración de la isquemia

La TcPO₂ mide la presión transcutánea de oxígeno y permite estimar cuánto oxígeno llega realmente a la piel. A diferencia del índice tobillo-brazo, no se limita a comparar presiones arteriales.

Esta información resulta especialmente útil cuando existe:

  • Una úlcera que no cicatriza.
  • Sospecha de isquemia.
  • Pie diabético.
  • Calcificación arterial.
  • Necesidad de estimar el potencial de cicatrización.
  • Valoración tras una revascularización.

De este modo, la TcPO₂ ayuda a conocer la viabilidad de los tejidos y a orientar las decisiones terapéuticas.

Isquemia crónica amenazante de la extremidad

La forma más grave de la enfermedad se denomina isquemia crónica amenazante de la extremidad. En esta situación, la reducción del flujo sanguíneo pone en riesgo la viabilidad del pie o de la pierna.

Los signos de alarma incluyen:

  • Dolor persistente en reposo.
  • Úlceras que no cicatrizan.
  • Necrosis.
  • Gangrena.
  • Dedos fríos, pálidos o azulados.
  • Empeoramiento rápido de una herida.

Ante estos síntomas, es necesaria una valoración vascular prioritaria, ya que puede ser preciso restablecer el flujo sanguíneo mediante una revascularización.

Tratamiento de la enfermedad arterial periférica

El tratamiento depende de la gravedad, los síntomas y el riesgo cardiovascular de cada paciente. En general, el abordaje combina medidas destinadas a frenar la progresión de la enfermedad y mejorar la circulación.

Puede incluir:

  • Abandono completo del tabaco.
  • Control de la diabetes.
  • Tratamiento de la hipertensión.
  • Reducción del colesterol.
  • Actividad física estructurada.
  • Tratamiento antiagregante o antitrombótico cuando esté indicado.
  • Cuidado preventivo de los pies.
  • Revascularización endovascular o quirúrgica en casos seleccionados.

El tratamiento farmacológico debe ser pautado y revisado por el médico responsable. Asimismo, la presencia de una úlcera o de signos de isquemia puede modificar la prioridad y el tipo de intervención.

Ejercicio ante el dolor vascular al caminar

En pacientes con claudicación estable, los programas estructurados de ejercicio pueden mejorar la distancia recorrida y la capacidad funcional. Habitualmente se basan en caminar de forma regular y controlada.

No obstante, el ejercicio debe adaptarse a la situación clínica. Si existe dolor en reposo, una herida activa, necrosis o sospecha de isquemia grave, es necesario realizar primero una valoración profesional.

Por tanto, no todas las personas con dolor de origen vascular deben seguir el mismo programa.

Cuidado de los pies ante la mala circulación

Las personas con problemas arteriales deben revisar sus pies con frecuencia, sobre todo si también presentan diabetes o pérdida de sensibilidad.

Se recomienda:

  • Observar diariamente la piel y las uñas.
  • Evitar caminar descalzo.
  • Utilizar calzado cómodo y bien ajustado.
  • No aplicar fuentes de calor directamente.
  • Mantener la piel hidratada, evitando los espacios entre los dedos.
  • Consultar ante cualquier herida, cambio de color o zona necrótica.
  • No manipular callosidades ni lesiones en casa.

Estas medidas no sustituyen el tratamiento vascular. Sin embargo, ayudan a prevenir lesiones y a detectar posibles complicaciones de forma temprana.

¿Cuándo solicitar una valoración por enfermedad arterial?

Es recomendable consultar cuando aparece dolor repetido al caminar, frialdad persistente, cambios de coloración o una herida que no mejora.

También debe valorarse la circulación si existen:

  • Úlceras en los pies.
  • Dolor durante el reposo.
  • Pulsos débiles o ausentes.
  • Necrosis.
  • Diabetes asociada a una lesión.
  • Antecedentes de revascularización.
  • Empeoramiento progresivo de la capacidad para caminar.

Una evaluación precoz permite confirmar o descartar la enfermedad arterial periférica y determinar si son necesarias otras pruebas o una derivación a Cirugía Vascular.

Valoración integral de la circulación arterial

Ninguna prueba vascular debe interpretarse de manera aislada. El índice tobillo-brazo, el Doppler, el índice dedo-brazo y la TcPO₂ ofrecen información complementaria sobre el flujo arterial y la oxigenación tisular.

Por este motivo, la valoración debe adaptarse a cada paciente, especialmente cuando existe diabetes, calcificación arterial o una herida de difícil cicatrización.

Un diagnóstico preciso permite planificar el tratamiento, estimar el potencial de cicatrización y reducir el riesgo de complicaciones graves.

¿Presentas síntomas de enfermedad arterial periférica?

Si tienes dolor al caminar, cambios en la piel, frialdad en los pies o una herida que no cicatriza, conviene valorar el estado de la circulación.

Detectar la enfermedad arterial periférica a tiempo permite iniciar el abordaje adecuado, controlar los factores de riesgo y proteger la viabilidad de los tejidos.