La dieta mediterránea es una de las señas de identidad de España. Se caracteriza por su variedad, calidad basada en el producto natural y en los altos efectos beneficiosos para la salud. Entre sus integrantes se encuentra una gran desconocida para gran parte de la población. Se trata de la carne de caza.

La caza ha estado presente en la alimentación de la humanidad desde el inicio. Su consumo ha sido relegado por la ganadería y, actualmente, es residual. Ese dato no quita que hoy nos fijemos en ella. Ante todo, debemos dejar claro que al hablar de carne de caza son múltiples las especies que se agrupan (conejo, perdiz, jabalí, venado o ciervo…) y cada una de ellas presenta unas particularidades nutricionales. Pero comparten cualidades comunes derivadas de su cría salvaje y en libertad como, por ejemplo, su alto contenido en proteínas y bajo en grasas.

El conejo está presente en múltiples dietas debido a sus propiedades, y posiblemente sea la pieza más presente en nuestras cocinas. El jabalí es un animal cuya carne contiene muy poca grasa y muchas proteínas. El ciervo o venado tienen un contenido en grasas similar al de especies como el pavo. También es significativo el valor nutricional de estas carnes ricas en minerales, magnesio, fósforo y zinc.

A pesar de ello, no es frecuente ver esta carne en la cesta de la compra de las familias, aunque empieza a estar más presente en las cartas de los restaurantes. España es el mayor exportador de carne de caza, pero sólo el 25% de los españoles consume carne de caza al menos una vez al año. Un alimento que, pese a parecer cercano, no es muy frecuente en las tiendas. Pero eso no debe ser obstáculo para incorporar estas carnes en nuestra dieta habitual.

Esta web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies